(foto:
Conjunto de jóvenes de San Borja vestidas a la manera selvícola
de los Chimanes. Beni-Bolivia.)
Los
primeros grupos humanos, afincados en la cuenca amazónica,
estaban constituidos por pescadores y cazadores que, en los ríos
encontraron una fauna ictiológica riquísima y, en las llanuras,
rebaños de cérvidos, piaras de cerdos salvajes, y varias otras
especies de animales. Pero... las tierras de esta vasta región -aparentemente
fértiles- están conformadas por mantas de arena y lutitas
aluvionales del cuaternario, que se asientan sobre densos
estratos de arcillas impermeables, añadiéndose el hecho de que
-en la mayor parte de la sabana- el declive es de solo un metro
en 10 Km. Tierras impermeables y con escaso declive,
prácticamente no tienen suficiente drenaje, dando como
resultante el anegamiento de extensas áreas cuando llegan las
lluvias del verano. Sin embargo, cuando los grupos humanos
lograron su sedentarización definitiva, en base a la agricultura,
lo hicieron en tierras en los que tuvieron que "fabricar"
terrenos de labranza, generando, a su vez, la más alta
tecnología agrícola de su momento con la erección de plataformas
junto a las que -en paralelo- hicieron grandes zanjas-diques, en
las que, en contrario a nuestra lógica, estancaron el agua. En
los trópicos -casi como si fuera producto de generación
espontánea- la vida vegetal aprovecha cualquier medio para
asociarse: en el agua detenida prosperan rápidamente plantas
acuáticas que, en muy poco tiempo, forman una espesa alfombra (tarope)
que quita de la vista el líquido en el que medran. También junto
con el fluido de las crecientes, llegan peces, crustáceos,
moluscos, batracios, insectos, etc. que hacían colonias en el
agua embalsada. cuando la vida bullía en los zanjones, el
inteligente hombre practicaba un orificio en la parte baja de la
pared del dique para que el líquido se escurra lentamente dando
lugar a que la alfombra vegetal descienda hasta el lecho del
dique donde, además, quedaban atrapado los seres vivos. La
putrefacción de los organismos producía ácido húmico y otros
nutrientes que, luego, se esparcían sobre los terraplenes.
(foto: "Macheteros"
o "Chiripieru". La danza de los macheteros parece tener
orígenes guerreros. Festividad de San Ignacio de Moxos, Beni-Bolivia.)
Este ingenioso artificio permitió a los
hombres asentados en las llanuras de Moxos (Dpto. de Beni-Bolivia),
crear "ad perpetuam" nutrientes orgánicos con cuya ayuda pudo
decuplicar sus cosechas de maíz, calabazas, yuca o mandioca,
maní, ajíes, frijoles o algodón. No todo queda en lo dicho: la
cultura moxeña levantó unas 20.000 islas artificiales (mounds),
sobre las que el hombre hizo sus viviendas. Unió sus islas con
terraplenes que cumplían una doble función: a) permitir el
tránsito de un "mound" a otro y b) conducir el agua hacia
donde ellos deseaban. Completando esta gigantesca tarea unieron
las arterias fluviales, con canales navegables. La alta cultura
moxeña -verdadera maestra en el dominio de la ingeniería
hidráulica- por causas no suficientemente bien aclaradas, se
extinguió entre los siglos XI al XII, de nuestra era.
(Foto: "Tintiririnti",
o heraldo que tocando un tambor anuncia la fiesta de San
Ignacio. Hasta hace unos años el caballo se enjalmaba con telas
de las que pendían objetos de plata. Festividad de San Ignacio
de Moxos, Beni - Bolivia).
La
región de las llanuras, salpicadas de tupidos bosques, fué
habitada -después del derrumbe de la gran cultura- por varias
tribus selvícolas en cuya memoria apenas quedaron vago recuerdos
de su ancestro. A pesar de ello conservaron resabios de su
concepción religiosa. Si volcamos la mirada hacia San Ignacio de
Moxos, donde los jesuitas fundaron una de sus primeras misiones
evangelizadoras, advertiremos que en las fiestas religiosas
"cristianas", que los nativos celebran con devoción, se hace
patente un profundo sincretismo religioso. En esta fiestas se
presentan comunidades luciendo coloridas vestimentas y vistosos
disfraces.
(Foto:
"Machetero", que ostenta con orgullo un abanico de plumas
de paraba sujetas en un armazón de tacuarillas. Festividad de
san Ignacio de Moxos, Beni - Bolivia).
Si detenemos nuestra atención en los grupos de
danzarines y, singularmente, en los atuendos que hacen gala
reparamos que -en su mayoría- representan animales propios de la
región, demostrando que sus antiguos cultos totémicos aún
mantienen vigencia. A estos disfraces se añade la representación
del Sol y de la Luna, deidades claramente asumidas por los
pueblos agricultores pero, nítidamente contrarias a la filosofía
cristiana. Los conjuntos de "macheteros", con su vistoso
tocado de plumas de paraba, vestidos con "camijetas", una
suerte de saya blanca tejida por las comunidades en telares
verticales; que llevan en la mano un "machete" de maderra,
simbolizanuna danza guerrera ancestral, por supuesto no
cristiana.
(Foto: Representación
totémica de un "jaguar". Fiesta de San Ignacio de Loyola
en San Ignacio de Moxos).
En
un medio donde el jaguar acecha mimetizado entre el follaje para
dar el salto sobre el hombre; allí donde ponzañosas serpientes
pueden inocular tósigos letales; en sitios donde los saurios (caimanes)
y las anacondas (sicuríes) aguardan a los incautos, el temor
cobran formas reales. Las supersticiones envuelven a las
comunidades, como aquella anunciada por el estridente gua...jo...jo!,
triste lamento de un búho que cuando "llora" o "canta" cerca a
la aldea anuncia muerte o calamidad.
(foto: Al compás de un
taquirari las "móperas" o "mujeres jóvenes" bailan
entrecruzando cintas de colores que van prendidas sobre un
mástil. Festividad de San Ignacio de Moxos, Beni-Bolivia.)
Ah,
pero los hombres asumen -también como propia- la religión
llegada con la conquista europea; la sienten y se compenetran de
ella y vibran en sus espíritus como lo hacen los tubos de sus
aerófonos nativos, entre los que sobresale el "bajón" del
que manan notas graves y monótonas; si, sus alamas treman al
paso del arco sobre las cuerdasm de los violines, fabricados por
ellos, pero adoptados de los curas misioneros. La música de sus
"Taquiraris" se hace rítmica en los taambores o en las
tobillerashechas con uñas de anta, que a cada paso del danzante
marcan el compás.
Las plumas de parabas, sujetadas en abanico
sobre las testas de los "macheteros", son como el toque
mágico de la madre naturaleza que engalana a sus hijos con
colores salvajemente bellos. Esas plumas de "piyo" (avestruz)
que cuelgan de la cintura de los "Ichiñisiris" traen a
la memoria hombres desnudosque, en su desnudez, se sienten
vestidos si solo están adornados.
(Foto:
En San Ignacio de Moxos se celebran con devoción varias fiestas
cristianas como la de Semana Santa, Navidad, San Ignacio de
Loyola, y el día de los Reyes Magos (6 de enero), en el que los
niños se disfrazan como Melchor, Gaspar y Baltazar. Festividad
de San Ignacio de Moxos, Beni - Bolivia.) |