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Revista Unica de Servicios BolivianoS
Propiedad intelectual registrada.

Primer ejemplar:

Julio 2006

Publicación mensual de distribución gratuíta en Bolivia y en la Argentina.
Tirada: 5.000 ejemplares.
Bs. As. - Argentina.

 

 

FIESTA DE SAN IGNACIO EN MOXOS

 
(foto: Conjunto de jóvenes de San Borja vestidas a la manera selvícola de los Chimanes. Beni-Bolivia.) Los primeros grupos humanos, afincados en la cuenca amazónica, estaban constituidos por pescadores y cazadores que, en los ríos encontraron una fauna ictiológica riquísima y, en las llanuras, rebaños de cérvidos, piaras de cerdos salvajes, y varias otras especies de animales. Pero... las tierras de esta vasta región -aparentemente fértiles- están conformadas por mantas de arena y lutitas aluvionales del cuaternario, que se asientan sobre densos estratos de arcillas impermeables, añadiéndose el hecho de que -en la mayor parte de la sabana- el declive es de solo un metro en 10 Km. Tierras impermeables y con escaso declive, prácticamente no tienen suficiente drenaje, dando como resultante el anegamiento de extensas áreas cuando llegan las lluvias del verano. Sin embargo, cuando los grupos humanos lograron su sedentarización definitiva, en base a la agricultura, lo hicieron en tierras en los que tuvieron que "fabricar" terrenos de labranza, generando, a su vez, la más alta tecnología agrícola de su momento con la erección de plataformas junto a las que -en paralelo- hicieron grandes zanjas-diques, en las que, en contrario a nuestra lógica, estancaron el agua. En los trópicos -casi como si fuera producto de generación espontánea-  la vida vegetal aprovecha cualquier medio para asociarse: en el agua detenida prosperan rápidamente plantas acuáticas que, en muy poco tiempo, forman una espesa alfombra (tarope) que quita de la vista el líquido en el que medran. También junto con el fluido de las crecientes, llegan peces, crustáceos, moluscos, batracios, insectos, etc. que hacían colonias en el agua embalsada. cuando la vida bullía en los zanjones, el inteligente hombre practicaba un orificio en la parte baja de la pared del dique para que el líquido se escurra lentamente dando lugar a que la alfombra vegetal descienda hasta el lecho del dique donde, además, quedaban atrapado los seres vivos. La putrefacción de los organismos producía ácido húmico y otros nutrientes que, luego, se esparcían sobre los terraplenes.

(foto: "Macheteros" o "Chiripieru". La danza de los macheteros parece tener orígenes guerreros. Festividad de San Ignacio de Moxos, Beni-Bolivia.)

Este ingenioso artificio permitió a los hombres asentados en las llanuras de Moxos (Dpto. de Beni-Bolivia), crear "ad perpetuam" nutrientes orgánicos con cuya ayuda pudo decuplicar sus cosechas de maíz, calabazas, yuca o mandioca, maní, ajíes, frijoles o algodón.  No todo queda en lo dicho: la cultura moxeña levantó unas 20.000 islas artificiales (mounds), sobre las que el hombre hizo sus viviendas. Unió sus islas con terraplenes que cumplían una doble función: a) permitir el tránsito de un "mound" a otro y b) conducir el agua hacia donde ellos deseaban. Completando esta gigantesca tarea unieron las arterias fluviales, con canales navegables. La alta cultura moxeña -verdadera maestra en el dominio de la ingeniería hidráulica- por causas no suficientemente bien aclaradas, se extinguió entre los siglos XI al XII, de nuestra era.

(Foto: "Tintiririnti", o heraldo que tocando un tambor anuncia la fiesta de San Ignacio. Hasta hace unos años el caballo se enjalmaba con telas de las que pendían objetos de plata. Festividad de San Ignacio de Moxos, Beni - Bolivia).

La región de las llanuras, salpicadas de tupidos bosques, fué habitada -después del derrumbe de la gran cultura- por varias tribus selvícolas en cuya memoria apenas quedaron vago recuerdos de su ancestro. A pesar de ello conservaron resabios de su concepción religiosa. Si volcamos la mirada hacia San Ignacio de Moxos, donde los jesuitas fundaron una de sus primeras misiones evangelizadoras, advertiremos que en las fiestas religiosas  "cristianas", que los nativos celebran con devoción, se hace patente un profundo sincretismo religioso. En esta fiestas se presentan comunidades luciendo coloridas vestimentas y vistosos disfraces.

 

(Foto: "Machetero", que ostenta con orgullo un abanico de plumas de paraba sujetas en un armazón de tacuarillas. Festividad de san Ignacio de Moxos, Beni - Bolivia).

Si detenemos nuestra atención en los grupos de danzarines y, singularmente, en los atuendos que hacen gala reparamos que -en su mayoría- representan animales propios de la región, demostrando que sus antiguos cultos totémicos aún mantienen vigencia. A estos disfraces se añade la representación del Sol y de la Luna, deidades claramente asumidas por los pueblos agricultores pero, nítidamente contrarias a la filosofía cristiana. Los conjuntos de "macheteros", con su vistoso tocado de plumas de paraba, vestidos con "camijetas", una suerte de saya blanca tejida por las comunidades en telares verticales; que llevan en la mano un "machete" de maderra, simbolizanuna danza guerrera ancestral, por supuesto no cristiana.

(Foto: Representación totémica de un "jaguar". Fiesta de San Ignacio de Loyola en San Ignacio de Moxos).

En un medio donde el jaguar acecha mimetizado entre el follaje para dar el salto sobre el hombre; allí donde ponzañosas serpientes pueden inocular tósigos letales; en sitios donde los saurios (caimanes) y las anacondas (sicuríes) aguardan a los incautos, el temor cobran formas reales. Las supersticiones envuelven a las comunidades, como aquella anunciada por el estridente gua...jo...jo!, triste lamento de un búho que cuando "llora" o "canta" cerca a la aldea anuncia muerte o calamidad.

(foto: Al compás de un taquirari las "móperas" o "mujeres jóvenes" bailan entrecruzando cintas de colores que van prendidas sobre un mástil. Festividad de San Ignacio de Moxos, Beni-Bolivia.)

Ah, pero los hombres asumen -también como propia- la religión llegada con la conquista europea; la sienten y se compenetran de ella y vibran en sus espíritus como lo hacen los tubos de sus aerófonos nativos, entre los que sobresale el "bajón" del que manan notas graves y monótonas; si, sus alamas treman al paso del arco sobre las cuerdasm de los violines, fabricados por ellos, pero adoptados de los curas misioneros. La música de sus "Taquiraris" se hace rítmica en los taambores o en las tobillerashechas con uñas de anta, que a cada paso del danzante marcan el compás.

Las plumas de parabas, sujetadas en abanico sobre las testas de los "macheteros", son como el toque mágico de la madre naturaleza que engalana a sus hijos con colores salvajemente bellos. Esas plumas de "piyo" (avestruz) que cuelgan de la cintura de los "Ichiñisiris"  traen a la memoria hombres desnudosque, en su desnudez, se sienten vestidos si solo están adornados.

 

(Foto: En San Ignacio de Moxos se celebran con devoción varias fiestas cristianas como la de Semana Santa, Navidad, San Ignacio de Loyola, y el día de los Reyes Magos (6 de enero), en el que los niños se disfrazan como Melchor, Gaspar y Baltazar. Festividad de San Ignacio de Moxos, Beni - Bolivia.)

 

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